Salida de campo del Diálogo de Saberes – marzo de 2026
Un autobus lleno de pasajeros partió desde la Escuela Politécnica Nacional el sábado 7 de marzo con un interés poco convencional: conocer el Chocó Andino no solo por su biodiversidad, sino por sus paisajes humanos. Es decir, por las comunidades y organizaciones sociales que han convertido a este territorio en un referente nacional de gestión local en lo ambiental, cultural y en la defensa de derechos.
El recorrido inició a las 08:30, con un bus que, a medida que avanzaba por Pomasqui, San Antonio, Calacalí, marcaba una transición evidente: del cemento a la vegetación, de la ciudad al bosque. No era solo un cambio de paisaje, sino de lógica territorial.
Chugchurillos: memoria, penco y vida comunitaria
La primera parada fue la comunidad de Chugchurillos, un espacio donde la identidad no se enuncia, se practica. Allí, Segundo y Doris Sigcha recibieron al grupo con un relato que entrelaza historia familiar, memoria y territorio.
En este lugar, el conocimiento no está en libros, sino en las manos. La fibra del penco —conocido localmente como tswar— se transforma en sandalias, bebidas tradicionales y otros productos que condensan generaciones de saber. La explicación sobre su uso no fue solo técnica, sino cultural: el penco es sustento, identidad y adaptación.
La visita cerró con música y una degustación de productos locales, recordando que en estas comunidades el conocimiento también se celebra.
Calacalí: el legado de Carlota Jaramillo
El recorrido continuó hacia el museo dedicado a Carlota Jaramillo, figura emblemática del pasillo ecuatoriano. Más que un espacio de exhibición, el museo funciona como un archivo vivo de la memoria cultural.
Guiados por Claudia Oña, los visitantes recorrieron objetos personales, fotografías y vestimenta que permiten reconstruir la vida cotidiana de la artista. La experiencia incluyó interpretaciones musicales que trasladaron al grupo a una época en la que el pasillo se consolidaba como expresión de identidad nacional.
En un ambiente más íntimo, la música y una taza de café cerraron una experiencia que evidenció cómo el patrimonio cultural se mantiene vigente a través de la gestión local.
Economía local y resistencia: la tienda Chala
A pocos pasos, la tienda Chala mostró otra dimensión del territorio: la economía comunitaria. Artesanías, alimentos y productos locales reflejan no solo creatividad, sino una estrategia concreta frente a problemas estructurales como la migración juvenil.
En este espacio, el consumo se vuelve político: comprar local es sostener comunidad, evitar la ruptura de saberes y fortalecer la permanencia en el territorio.
El Corredor del Oso: conservar en medio de tensiones
El recorrido hizo una pausa en el Corredor Ecológico del Oso Andino, donde se abordó la dimensión ambiental del territorio. Allí se explicó cómo estos corredores permiten la conexión entre ecosistemas y garantizan la supervivencia de especies clave.
Pero el mensaje no fue complaciente. También se habló de amenazas: deforestación, expansión de actividades extractivas y contaminación de ríos. La conservación, quedó claro, no es un estado, sino un proceso en disputa.
Gualea: organización, producción y futuro
El destino final fue la Asociación de Servicios Turísticos y Productivos “El Gualeanito”, en Gualea. El recibimiento que incluyó comida y un aporte espontáneo de música de guitarra de uno de los turistas rompió la distancia entre visitantes y comunidad. Allí, la producción de miel, bebidas artesanales y otros productos evidenció un modelo de autosustento basado en prácticas sostenibles. Sin embargo, también se señalaron desafíos, especialmente en torno al manejo del agua, un tema que atravesó varias de las conversaciones del día.
Las preguntas de los asistentes apuntaron a un problema estructural: ¿cómo sostener el crecimiento del turismo sin afectar los ecosistemas? Las respuestas incluyeron soluciones en desarrollo, como filtros naturales, baños secos y tecnologías como biodigestores, aunque con una limitación recurrente: la falta de apoyo institucional.
Identidad, conocimiento y acción colectiva
Más allá de los lugares visitados, el recorrido dejó una idea transversal: el Chocó Andino no es solo un territorio biodiverso, sino un espacio donde la organización social ha sido clave para su defensa y proyección.
Las reflexiones finales de los participantes apuntaron en esa dirección. Desde experiencias de fortalecimiento identitario hasta investigaciones académicas sobre el rol de las mujeres, el diálogo evidenció que el conocimiento no está concentrado en un solo actor.
Aquí, la academia, las comunidades y la sociedad civil se encuentran —no siempre sin tensiones—, pero con un objetivo común: sostener el territorio.


















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