El deterioro de varios ríos del Chocó Andino ante la indiferencia de la institución pública

Por Teolinda Calle

Informe narrativo del Foro: Voces del Agua (marzo 2026)

El Chocó Andino es reconocido por su enorme riqueza hídrica. Sus ríos han sostenido históricamente la vida, la producción y la biodiversidad de este territorio. Sin embargo, los estudios presentados en el Foro: Voces del Agua, moderado por Natalia Green de CEDENMA, realizado el 4 marzo de 2026 en la Plaza Cultural de la Ciudad Mitad del Mundo en el marco del Diálogo de Saberes, muestran una realidad menos uniforme: existen señales claras de deterioro, especialmente en casos puntuales que requieren atención urgente.

Ríos en condiciones distintas

No hay una sola realidad para el agua en el Chocó Andino. Cada cuenca contó una historia diferente en este foro. El caso más crítico es el del río Pichán del cantón Quito. Este río recibe descargas del parque industrial, del camal y de las aguas residuales de la parroquia de Calacalí. La investigación realizada por Renata Muñoz, tesista de la Universidad de las Américas (UDLA), bajo la tutoría de la Phd. Blanca Ríos y el Phd. Pablo Castillejo, revela que: los niveles de coliformes fecales superan ampliamente los límites permitidos para consumo humano, recreación o conservación de vida silvestre. La afectación a los sistemas acuáticos es, en este punto, incuestionable.

A esto se suman altos niveles de coliformes totales, lo que confirma una presión constante sobre el río. No se trata de un problema reciente. El Comité de Gestión del Corredor Ecológico del Oso Andino (CACOA) ha denunciado esta situación durante aproximadamente una década ante la Secretaría de Ambiente de Quito, sin que se registren respuestas de ningún tipo.

El Alambi, un río que todavía mantiene su capacidad de autodepuración

El río Alambí presenta un escenario distinto. Sus condiciones son, en general, más favorables, pero no exentas de presión.

Los estudios muestran niveles de coliformes totales por encima de lo recomendado, lo que indica la presencia de contaminación orgánica. Esta situación está asociada principalmente a actividades como la agricultura, la ganadería, la piscicultura y la avicultura, que aportan nutrientes al agua.

En ciertos tramos, este aporte puede derivar en procesos de eutrofización, alterando el equilibrio natural del río. Sin embargo, el Alambí aún conserva condiciones que permiten la vida acuática y mantiene su capacidad natural de autodepuración.

Chirapi y Pachijal: señales tempranas

Según los estudios realizados por el MSc. Santiago Guerra, investigador de la Escuela Politécnica Nacional, en los ríos Chirapi y Pachijal, la mayoría de los parámetros analizados se mantienen dentro de los límites establecidos por la normativa ambiental. A primera vista, se trata de sistemas relativamente bien conservados.

No obstante, los estudios detectaron concentraciones elevadas de metales como cobre, bario y aluminio en ciertos puntos. Estas pueden estar relacionadas con actividades mineras —legales e ilegales—, la remoción de sedimentos o incluso con características geológicas propias del territorio.

El mensaje es claro: estos ríos aún están a tiempo de evitar un deterioro mayor, pero ya muestran señales que no deberían ser ignoradas, pues la relación con actividades extractivas son una alerta importante, sobre todo después de los resultados de la consulta popular del Chocó Andino 2023.

El río Caoní: otro caso de cuidado

El proyecto “Conservación Participativa del río Caoní”, presentado en el foro por Daniela Franco de la Universidad San Francisco de Quito, muestra niveles extremadamente altos de coliformes fecales —que superan ampliamente los límites seguros para uso recreativo— evidencian un riesgo sanitario crítico, en contraste con una notable riqueza biológica que aún persiste en la cuenca, revelando un ecosistema que mantiene su valor ecológico pero enfrenta presiones crecientes que comprometen su sostenibilidad.”

Además, Las mesas de trabajo realizadas con actores locales identificaron varios puntos clave que sin duda podrían aplicarse a otras cuencas del Chocó Andino:

  • La necesidad de fortalecer la acción ciudadana para incidir en decisiones públicas
  • La importancia de activar mecanismos legales para proteger los derechos de la naturaleza
  • Gestionar financiamiento para infraestructura ambiental
  • Consolidar el rol de la academia en el monitoreo y la toma de decisiones

Pero también dejaron una constatación directa: existen datos técnicos y diagnósticos claros, hay organizaciones sociales activas, la academia está produciendo información relevante, sin embargo, no existe financiamiento ni voluntad política.

Saloya, una comunidad que resiste

Diana Lombana, del Colectivo Río Saloya Resiste, expuso el proceso de defensa del río Saloya frente a un proyecto hidroeléctrico privado que plantea desviar parte de sus aguas hacia la cuenca del río Mulaute para la generación de energía. Esta intervención afectaría más de 20 kilómetros de su cauce, con impactos directos sobre el caudal ecológico, la biodiversidad y la conectividad de los ecosistemas.

El caso resulta especialmente preocupante debido a la ausencia del proceso constitucional de consulta previa a la comunidad local, cuya economía y vida cotidiana dependen estrechamente del río a través del turismo y otras actividades vinculadas al territorio. Frente a esta situación, los habitantes han emprendido acciones legales para frenar el avance del proyecto, al considerar que vulnera tanto los derechos de la naturaleza como los de las comunidades.

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Otros aportes al diálogo

Y, en coherencia con el espíritu propositivo del Diálogo de Saberes del Chocó Andino, también surgieron aportes orientados a soluciones. Paulina Lasso, de Yakunina, técnica experta en el tratamiento ecológico de aguas residuales y habitante del territorio, planteó alternativas concretas para gestionar las aguas de manera adecuada y en armonía con la naturaleza. En la misma línea, el Director de Ambiente de la Prefectura de Pichincha, Jorge Aguilar, reconoció las problemáticas técnicas y ecológicas existentes, al tiempo que señaló las limitaciones de los gobiernos locales en función de sus competencias. No obstante, expresó su disposición a apoyar desde lo que le sea posible, procesos que contribuyan a mejorar el manejo hídrico del Chocó Andino, en el marco de una gobernanza participativa.

Todos los aportes del foro apuntan a un problema de fondo: la gobernanza del agua. Es decir, la capacidad de articular actores, tomar decisiones y sostenerlas en el tiempo. Porque, al final, lo que está en juego no es solo la calidad del agua, sino la forma en que el territorio decide cuidarse a sí mismo.

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