En el corazón del Chocó Andino, la memoria y la cocina se convierten en un punto de encuentro entre generaciones, comunidades y territorios. El proyecto Memorias y delicias del Chocó Andino busca poner en valor los conocimientos de los portadores de saber de la ruralidad, quienes han mantenido vivas prácticas ancestrales en torno a las virtudes alimentarias de plantas, frutos, hongos y tubérculos. Más allá de la preparación de recetas, estos talleres nos permiten reconocer el valor nutricional y simbólico de los productos agroalimentarios que forman parte de nuestra cultura.

Durante este año se desarrollaron dos talleres comunitarios, ambos marcados por la alegría del aprendizaje compartido y la fraternidad vecinal.

Primer taller: los sabores de la ruralidad en Pacto
El primer encuentro se realizó en la parroquia de Pacto y tuvo como protagonistas a dos portadoras de saber.

- Vitelia Alarcón, reconocida habitante de la comunidad, compartió su vasta experiencia en el uso de plantas silvestres para la alimentación y la medicina. Allí mostró a los participantes —niños, jóvenes y adultos— productos poco convencionales como la papa aérea (Dioscorea bulbifera), que acompañó con fréjol guandul (Cajanus cajan), plátano verde cocido y una salsa de maní. Todos estos ingredientes fueron cultivados y cosechados por la misma Vitelia.
La degustación estuvo acompañada de ají de coca silvestre, chicha de maíz y un postre de zapallo con panela que sorprendió a todos los presentes por su sencillez y exquisito sabor. - En ese mismo espacio, Lupe Yupangui, portadora de saber de la parroquia de Nanegalito, enseñó la elaboración del tamal de yuca, una delicia tradicional que forma parte de la memoria culinaria de la región.
Este primer taller abrió la conversación sobre identidad, soberanía alimentaria y el valor del conocimiento de las madres y abuelas, recordándonos que cada preparación encierra historias y tradiciones que merecen ser transmitidas.

Segundo taller: el rosero quiteño y un banquete del bosque nublado
El segundo taller tuvo lugar en la parroquia de Nono, en la Reserva Los Armadillos. En esta ocasión, el protagonista fue el Rosero Quiteño, bebida tradicional que, aunque hoy se encuentra en riesgo de desaparecer, sigue despertando recuerdos y emociones en quienes la prueban.

El chef Carlos Muñoz, cocinero local, mostró cómo los productos del bosque nublado permiten mantener viva esta tradición. Su receta incluyó frutas locales como piña, babaco, chigualcán y naranjilla.

Además, el chef agasajó a los participantes con un menú de degustación de cinco tiempos, en el que los protagonistas fueron productos cultivados o recolectados en el Chocó Andino: hongos ostra de la Reserva Maraksacha, palmito de Nanegalito, habas de Calacalí, cacao de San Miguel de los Bancos, entre otros. Un verdadero viaje de sabores que mostró la riqueza agroalimentaria del territorio.

En este espacio también participó la portadora de saber Anita Cajas, habitante de Calacalí, quien compartió sus memorias de infancia sobre la cosecha de mortiño en Rayocucho. Su relato puso en evidencia cómo la degradación ambiental y los incendios forestales debilitan la soberanía alimentaria de los pueblos y amenazan prácticas tradicionales que forman parte de nuestra identidad.
Asimismo, la abogada y habitante de la región Olga Barreto Urigüen compartió su conocimiento sobre la elaboración del chocolate artesanal, producto que ha acompañado la vida cotidiana de las comunidades y que hoy se resignifica como patrimonio.
Un trabajo colectivo
Ambos encuentros fueron organizados por Teolinda Calle, directora del proyecto Memorias y delicias del Chocó Andino, junto al colectivo de mujeres Biodiverso Chocó. La dirección metodológica estuvo a cargo de Renata Muñoz y el soporte operativo de Lorena Calle.
Los talleres reunieron a participantes, adultos y niños, de varias parroquias y cantones vecinos, quienes vivieron jornadas de intenso aprendizaje, intercambio y disfrute en torno a la cocina tradicional.
Agradecemos el apoyo de la Secretaría de Cultura y de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), así como el seguimiento y compromiso de Diego Villavicencio, técnico de la Secretaría de Cultura, quien estuvo pendiente de todos los detalles para la buena ejecución del proyecto, también a la Mancomunidad del Chocó Andino, pues este proyecto representó a la región en los procesos Quitu Cara del año 2024.
Con estos espacios, reafirmamos que la memoria culinaria del Chocó Andino no solo nutre nuestros cuerpos, sino también nuestras identidades, reconociendo en cada plato la historia y la esperanza de un futuro más consciente con la tierra y con sus frutos.





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