Con el equipo de Parque Escuela llegamos a la comunidad de Manchuri, en Gualea, y fue amor a primera vista. El grupo de teatro de wawas que dirige María Isabel Fernández nos recibió con esa calidez que solo el arte sabe transmitir. Desde el primer momento supimos que este encuentro iba a ser especial.
Nuestra propuesta era sencilla: jugar, caminar por el bosque, observar con atención y dibujar los descubrimientos en pequeñas tarjetitas de cartulina. Pero allí, en Manchuri, todo tomó un matiz distinto: más profundo, más sensible, más lleno de sentido. Vivir en una reserva de biósfera y transitar por el arte desde la infancia es como una luz al final del túnel, es ver la luz de la esperanza en un mejor futuro.
Durante la exploración nos detuvimos a mirar lo que suele pasar desapercibido: los gusanitos, las hormigas que hacen fila, el musgo, las hojas que el verano pinta de amarillo, los charquitos de agua, las piedras con formas curiosas. Nos sentamos a conversar sobre los árboles, su valor para el planeta y sobre el territorio que nos cobija.
En esta aventura nos acompañaron las mamás, abuelitas y cuidadoras, que también nos compartieron su conocimiento sobre las plantas medicinales del campo. Fue un verdadero intercambio de saberes, porque los niños también sabían muchas cosas y estaban felices de contarlas.
Y como si todo esto no fuera ya suficiente, al final del encuentro las señoras de la comunidad nos agasajaron a todos con una pambamesa de lo más colorida. Comimos sobre hojas de plátano, compartiendo lo que había y lo que somos.
Para cerrar con broche de oro, nos invitaron a la inauguración del “Techado del Puente de Caña Guadua y presentación del Cortometraje del Teatro de Infancias de Manchuri”. Sí, en una comunidad pequeñita del Chocó Andino, hay gente trabajando con mucha voluntad por el arte. Y nosotros tuvimos la suerte de ser parte por un momento.











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